“El deporte no solo forma atletas, Forma personas capaces de transformar su vida y su entorno.”

Cuando las cámaras apuntan al deporte

Cada proceso electoral trae consigo algo que, con el tiempo, parece haberse convertido en una tradición: el deporte vuelve a ocupar un lugar privilegiado en la agenda pública.

COLUMNA DEPORTIVA

Por Cinthya Domínguez

4 min read

Por Cinthya Domínguez

Ex atleta de alto rendimiento, campeona mundial de halterofilia y especialista en gestión deportiva.

Cada proceso electoral trae consigo algo que, con el tiempo, parece haberse convertido en una tradición: el deporte vuelve a ocupar un lugar privilegiado en la agenda pública.

  • Se inauguran canchas.

  • Se anuncian proyectos.

  • Se visitan unidades deportivas.

  • Se entregan reconocimientos.

  • Y abundan las fotografías junto a atletas que representan el esfuerzo, la disciplina y el orgullo de una comunidad.

No hay nada de malo en que quienes aspiran a gobernar se acerquen al deporte. Al contrario, sería preocupante que no lo hicieran. El problema comienza cuando esa cercanía dura exactamente lo mismo que una campaña. Cuando termina la elección, cuando se apagan los discursos, cuando las fotografías dejan de ser necesarias. Y, sobre todo, cuando los deportistas dejan de formar parte de las prioridades.

Porque el deporte no necesita atención durante unos meses. Necesita continuidad durante años. Los atletas entrenan todos los días, no solamente durante los procesos electorales. Sus necesidades tampoco aparecen cada tres o seis años. Una instalación deportiva necesita mantenimiento permanente. Un entrenador necesita capacitación y condiciones para desarrollar su trabajo.

Las asociaciones requieren organización y seguimiento. El deporte escolar necesita proyectos de largo plazo. Y las niñas, niños y jóvenes necesitan oportunidades antes de convertirse en campeones. Nada de eso puede construirse únicamente durante una campaña. Las medallas que después celebramos tampoco nacen cuando alguien sube al podio. Se construyen durante miles de días que casi nadie ve.

Detrás de cada atleta existen familias que realizan sacrificios económicos, entrenadores que dedican años a formar personas, instituciones que trabajan muchas veces con recursos limitados y comunidades enteras que sostienen sueños mucho antes de que lleguen los reflectores.

Por eso, quizá deberíamos comenzar a medir de otra manera el compromiso de quienes toman decisiones sobre el deporte.

  • No por la cantidad de fotografías que aparecen durante una campaña. 

  • No por el número de eventos inaugurados.

  • Ni por la cantidad de promesas pronunciadas frente a un micrófono.

  • Sino por aquello que permanece.

  • Por las políticas públicas que sobreviven a los cambios de administración.

  • Por los programas que tienen presupuesto, seguimiento y evaluación.

  • Por las instalaciones que siguen funcionando años después de haber sido inauguradas.

  • Por los entrenadores que encuentran condiciones para desarrollar procesos de largo plazo.

  • Y por las oportunidades que continúan existiendo para niñas, niños y jóvenes cuando ya nadie está buscando votos.

El deporte necesita menos promesas y más continuidad. Menos inauguraciones y más mantenimiento. Menos discursos y más planeación. Menos acciones aisladas y más estructura.

Porque uno de los grandes problemas del deporte no siempre es la falta de iniciativas. Muchas veces es la falta de continuidad.

Cada administración llega con nuevas ideas, nuevos programas, nuevos nombres y nuevas prioridades. Y con demasiada frecuencia, aquello que comenzó a construirse vuelve a empezar desde cero.

Así es muy difícil desarrollar un sistema deportivo sólido. El deporte necesita políticas capaces de trascender gobiernos, administraciones y periodos electorales.

  • Necesita proyectos que no pertenezcan a una persona, sino a una institución.

  • Necesita objetivos que puedan evaluarse.

  • Necesita planeación.

  • Necesita presupuesto.

  • Necesita seguimiento.

  • Necesita evaluación.

Y necesita entender que los resultados deportivos importantes requieren algo que ninguna campaña puede acelerar: tiempo. También necesitamos dejar de mirar únicamente al atleta cuando ya ganó. Cuando una deportista obtiene una medalla internacional, todos quieren aparecer en la fotografía. Pero la pregunta verdaderamente importante debería hacerse muchos años antes:

  • ¿Quién estuvo ahí cuando todavía nadie conocía su nombre?

  • ¿Quién apoyó al entrenador que comenzó su formación?

  • ¿Quién mantuvo abierta la instalación donde entrenaba?

  • ¿Quién fortaleció el deporte escolar donde quizá comenzó todo?

  • ¿Quién acompañó a su familia durante el proceso?

  • ¿Quién construyó las condiciones para que aquel talento tuviera la oportunidad de desarrollarse?

Ahí se encuentra una parte mucho más profunda de la responsabilidad institucional. Porque los grandes resultados deportivos no comienzan en el podio. Comienzan mucho antes. Comienzan cuando un niño encuentra un espacio donde practicar deporte. Cuando aparece un entrenador preparado. Cuando existe una institución organizada. Cuando hay continuidad. Cuando alguien decide invertir en un proceso cuyo resultado quizá no será visible durante años. Por eso, quizá ha llegado el momento de cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos quién se tomó la fotografía con el deportista del momento, deberíamos preguntarnos: ¿quién estuvo presente antes de que llegaran los triunfos y quién seguirá ahí cuando termine el aplauso?

Esa diferencia parece pequeña. Pero define dos maneras completamente distintas de entender el deporte. Una lo utiliza como escenario. La otra lo construye como política pública. Una busca visibilidad inmediata. La otra construye oportunidades que quizá serán visibles dentro de diez años. Y un país que realmente comprende el valor del deporte debería aspirar a la segunda.

Porque invertir en deporte no significa únicamente buscar medallas. Significa construir salud.

  • Educación.

  • Disciplina.

  • Prevención.

  • Comunidad.

  • Identidad.

  • Oportunidades.

  • Y desarrollo humano.

Por eso, el compromiso con el deporte no debería comenzar cuando aparecen las cámaras ni terminar cuando se cierran las urnas. Debería permanecer cuando nadie está observando. Cuando no existen reflectores.

Cuando el resultado todavía está lejos. Cuando apoyar un proceso no genera una fotografía inmediata, pero puede transformar la vida de una persona años después. Ahí se demuestra la verdadera convicción. Porque el verdadero compromiso con el deporte no se demuestra frente a una cámara. Se demuestra cuando ya no hay cámaras.

Y quizá ese sea uno de los grandes retos que tenemos como sociedad: construir un deporte que deje de convertirse en protagonista únicamente durante los tiempos electorales y pase a ocupar el lugar que merece como una política permanente de desarrollo.

“El deporte no necesita visitas temporales.
Necesita convicciones que duren mucho más que un periodo electoral.”

Esta columna forma parte de una línea de análisis sobre deporte, estructura, gestión y rendimiento deportivo desarrollada por Cinthya Domínguez.

📧 logisticadeportivacd@gmail.com
📱 Instagram: @Ziinthyya1
📘 Facebook: Zinthya Domínguez D. Figueroa

CONTACTO

Escríbenos para consultas o entrenamientos

Email

Redes sociales

© 2025. All rights reserved.