“El deporte no solo forma atletas, Forma personas capaces de transformar su vida y su entorno.”
DESPUÉS DEL PODIO: El silencio que no se aplaude
Identidad, pasión y vida alrededor del deporte Mi vida ha girado en torno al deporte desde que nací. Literalmente. Crecí entre tatamis, combates y entrenamientos, porque mi padre fue uno de los fundadores de las primeras escuelas de artes marciales en mi ciudad. En casa, el deporte no era solamente una actividad física: era identidad, lenguaje, disciplina y forma de vida. Desde niña comprendí que entrenar, competir y mejorar eran tan naturales como respirar.
COLUMNA DEPORTIVA
Por Cinthya Domínguez
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Por Cinthya Domínguez
Mi vida ha girado en torno al deporte desde que nací. Literalmente.
Crecí entre tatamis, combates y entrenamientos, porque mi padre fue uno de los fundadores de las primeras escuelas de artes marciales en mi ciudad. En casa, el deporte no era solamente una actividad física: era identidad, lenguaje, disciplina y forma de vida.
Desde niña comprendí que entrenar, competir y mejorar eran tan naturales como respirar.
Con el tiempo encontré mi camino en la halterofilia. Me enamoré de una disciplina que exige tanto del cuerpo como de la mente. Durante 18 años viví inmersa en una rutina hecha de magnesio, horarios estrictos, medallas, himnos, disciplina y sacrificios. Representé a México en 15 campeonatos mundiales y alcancé el sueño que muchos atletas persiguen toda su vida: convertirme en campeona del mundo.
Viví la cima del alto rendimiento.
Pero hoy no quiero hablar del camino al éxito.
Quiero hablar del camino de regreso.
El día después
El deporte de alto nivel te transforma.
Te enseña a resistir el dolor físico y emocional.
Te enseña a caer y levantarte.
Te enseña a perseguir objetivos con una fuerza casi inhumana.
Pero existe algo para lo que pocas veces te prepara:
El día después.
El día que ya no compites.
El día que no hay entrenamiento.
El día que el calendario deja de girar alrededor de una competencia.
El día que ya nadie te pregunta cómo estás, sino:
“¿Y ahora qué haces?”
Salir del alto rendimiento es como estrellarse contra un mundo que siguió avanzando mientras tú vivías dentro de una cápsula competitiva.
Allá afuera, las reglas cambian.
Ya no hay entrenadores organizando tu vida.
Ya no existe un equipo multidisciplinario sosteniendo tu rutina.
Ya no hay podios, concentraciones o viajes internacionales.
Y entonces ocurre algo difícil de explicar:
La identidad que durante años estuvo construida alrededor de la palabra “atleta” comienza a quedarse sin estructura.
Aunque tengas fortaleza mental, disciplina y voluntad de acero, puedes sentirte perdido.
Porque el mundo real no siempre premia la perseverancia.
No siempre entiende el sacrificio.
Y la salud mental tan olvidada dentro del deporte comienza a pasar factura cuando te bajas del podio.
El retiro también duele
En mi caso, hubo además una responsabilidad profundamente importante en mi vida: acompañar y formar a mi hermana Patricia Domínguez.
Más con el ejemplo que con palabras, intenté transmitirle lo que significa vivir con compromiso, disciplina y pasión.
Verla cumplir su sueño olímpico en Río 2016 fue uno de los momentos más gratificantes de mi vida. Ese logro también fue compartido. Porque en nuestra familia el deporte nunca fue individual. Siempre fue una construcción colectiva.
Pero incluso así, el retiro llega.
Y cuando llegó para mí, lo hizo en silencio.
No hubo reflectores.
No hubo despedidas espectaculares.
No hubo podios.
Solo una sensación de vacío difícil de describir.
Ya no tenía entrenamientos diarios.
Ya no tenía competencias en el calendario.
Solo tenía una pregunta profunda:
¿Quién soy ahora, sin competir?
Ese es uno de los temas menos hablados dentro del deporte de alto rendimiento.
El choque emocional del retiro es real.
Pasamos de una vida completamente estructurada alrededor del rendimiento y los resultados, a una realidad mucho más incierta… y muchas veces solitaria.
Lo que el deporte deja
Con el tiempo entendí algo que cambió completamente mi forma de ver esta etapa:
Los valores que el deporte nos deja no se retiran con nosotros.
La disciplina permanece.
La resiliencia permanece.
La perseverancia permanece.
Lo que cambia es el escenario donde esas capacidades se expresan.
Hoy, como asesora deportiva, trabajo en proyectos enfocados precisamente en eso: acompañar procesos, construir puentes y abrir espacios para que la experiencia del atleta no se desperdicie, sino que se transforme en conocimiento, liderazgo y contribución social.
Porque el atleta no debería desaparecer cuando termina su carrera deportiva.
Humanizar al deportista
Esta columna también es un llamado urgente.
A hablar de lo que sucede después del podio.
A reconocer que el atleta necesita acompañamiento emocional durante el retiro.
A dejar de romantizar únicamente las medallas y comenzar a humanizar al deportista.
Porque detrás del rendimiento existen personas.
Personas que dedicaron años enteros de su vida a representar instituciones, estados y países.
Y que muchas veces enfrentan solas una de las transiciones más complejas de su existencia.
A quienes están atravesando esta etapa, quiero decirles algo desde la honestidad y el corazón:
No están solos.
Su historia no termina cuando termina la competencia.
Hay vida después del deporte.
Y también existen nuevas formas de trascender.
Porque aunque el podio deje de ser físico, cada paso hacia la reconstrucción personal también merece reconocimiento.
Reconstruirse también es una victoria
El retiro puede sentirse tan desafiante como una final mundial.
Pero también puede convertirse en una oportunidad para redescubrirse, reinventarse y evolucionar.
En mi caso, la preparación académica transformó mi visión. Realizar una maestría en modalidad online desde España y compartir espacios con especialistas de distintas partes del mundo me permitió ampliar mi perspectiva sobre el deporte, la educación y el desarrollo humano.
Comprendí también la importancia de construir nuevas redes, convivir con personas fuera del ámbito competitivo y abrirme a nuevos entornos profesionales y personales.
Hoy el deporte sigue siendo el eje de mi vida.
Pero ha adquirido nuevos significados.
Mi esposo Benny continúa ligado al entrenamiento físico, y nuestros hijos también han crecido rodeados de esta cultura deportiva. Verlos desarrollarse dentro de ambientes sanos y activos me recuerda que el legado del deporte no desaparece: evoluciona.
Porque el deporte no termina cuando termina la competencia.
Simplemente cambia de forma.
¿Qué deberían hacer las instituciones?
El acompañamiento institucional no debería terminar cuando concluye la carrera del atleta.
Las organizaciones deportivas tienen la responsabilidad de construir procesos más humanos y sostenibles.
Eso implica:
Crear programas de transición al retiro.
Incorporar acompañamiento psicológico preventivo.
Promover formación académica paralela.
Generar redes de mentoría con exatletas.
Visibilizar historias de reconstrucción post deportiva.
Porque el verdadero rendimiento no solamente se mide por medallas.
También se mide por la capacidad de cuidar integralmente a quienes dedicaron su vida al deporte.
Después del podio también existe vida
Mirando hacia atrás, entiendo que mi retiro no representó un final.
Representó una transformación.
Hoy conviven en mí la atleta que fui, la profesionista que sigo construyendo y la mujer que continúa encontrando nuevas formas de servir, aportar y crecer.
Y quizá esa sea una de las lecciones más importantes que el deporte me dejó:
Algunas de las victorias más profundas ocurren lejos del podio.
En silencio.
Cuando aprendemos a reconstruirnos.
Porque el deporte no descansa.
Y quienes fuimos moldeados por él… tampoco.
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Ex atleta de alto rendimiento, campeona mundial de halterofilia y especialista en gestión deportiva.
Identidad, pasión y vida alrededor del deporte
Mi vida ha girado en torno al deporte desde que nací. Literalmente.


Esta columna forma parte de una línea de análisis sobre deporte, estructura, gestión y rendimiento deportivo desarrollada por Cinthya Domínguez.
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