“El deporte no solo forma atletas, Forma personas capaces de transformar su vida y su entorno.”

EL DEPORTE COMO POLÍTICA PÚBLICA II. ¿A quién le conviene que el desorden continúe? El desorden que conviene

En la columna anterior planteé una idea incómoda, pero necesaria: En México no falta talento deportivo. Falta sistema. Hoy la pregunta ya no puede evitarse. Porque si el problema es tan evidente, entonces debemos preguntarnos algo todavía más profundo: ¿Por qué el sistema deportivo mexicano sigue funcionando desde el desorden… y a quién beneficia que permanezca así? Porque cuando un problema se vuelve permanente, deja de ser casualidad. Y muchas veces comienza a convertirse en conveniencia.

COLUMNA DEPORTIVA

Por Cinthya Domínguez

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Por Cinthya Domínguez

México no carece de instituciones deportivas. En realidad, tiene demasiadas.

  • Federaciones.

  • Asociaciones.

  • Institutos.

  • Organismos estatales.

  • Comités.

  • Direcciones.

  • Consejos.

El problema no es únicamente la cantidad. El problema es que gran parte de estas estructuras operan sin coordinación real, con responsabilidades poco claras y, muchas veces, compitiendo entre sí. El resultado no es pluralidad, es fragmentación. Y cuando las funciones no están claramente definidas, sucede algo muy peligroso: Nadie termina siendo verdaderamente responsable de nada.

Cuando nadie responde, el sistema se vuelve opaco

En cualquier sistema serio, la claridad institucional permite evaluar resultados y exigir responsabilidades. Pero en el deporte mexicano ocurre frecuentemente lo contrario.

Los errores se diluyen.
Las decisiones se justifican.
Los procesos desaparecen sin explicación.
Y las consecuencias rara vez llegan.

Así, el sistema aprende a sobrevivir desde la improvisación permanente. Y la improvisación, cuando se vuelve costumbre, termina convirtiéndose en estructura.

La burocracia que siempre permanece

Existe además una contradicción profundamente preocupante: El ciclo político dura seis años. El desarrollo deportivo requiere décadas. Sin embargo, casi siempre termina imponiéndose el primero. Cada administración llega con nuevos discursos, nuevos programas y nuevas prioridades.

Lo anterior rara vez se consolida.
Lo nuevo rara vez se evalúa.

Y mientras los proyectos cambian constantemente, hay algo que sí permanece intacto: la burocracia.

  • El atleta pasa.

  • El entrenador resiste.

  • El funcionario permanece.

Esa lógica impide construir continuidad real. Porque el deporte necesita estabilidad institucional, no reinicios permanentes disfrazados de transformación.

El alto rendimiento convertido en escaparate

Cuando el deporte se utiliza como herramienta política, el objetivo deja de ser construir sistema.

El objetivo pasa a ser mostrar resultados rápidos. Entonces las medallas se convierten en narrativa pública. En imagen institucional. En discurso político. Pero las medallas, por sí solas, no significan que exista desarrollo deportivo sostenible. Muchas veces representan únicamente esfuerzos individuales sobreviviendo a pesar del sistema. Por eso se apoya solamente a algunos atletas visibles mientras la estructura de base continúa debilitándose.

Se fortalece la fotografía.
Pero no el proceso.

Y ahí aparece uno de los mayores problemas del deporte mexicano: El sistema no fue diseñado para durar. Fue diseñado para lucir.

Federaciones sin evaluación real

Otro de los grandes vacíos estructurales es la ausencia de mecanismos permanentes de supervisión y evaluación. Muchas federaciones pueden operar durante años sin indicadores claros de desarrollo deportivo, sin diagnósticos públicos y sin consecuencias reales ante procesos deficientes. Y no siempre se trata únicamente de falta de recursos.

Muchas veces se trata de falta de rumbo. Porque tener presupuesto no garantiza construcción institucional.

Lo que verdaderamente transforma es:
la planeación,
la evaluación,
la continuidad
y la capacidad de corregir.

Sin eso, el sistema termina funcionando desde inercias administrativas y no desde objetivos estratégicos.

¿Quién pierde cuando el sistema falla?

La respuesta es amplia. Pierden los atletas que abandonan sus procesos antes de tiempo. Pierden entrenadores que trabajan durante años sin estabilidad ni respaldo. Pierden familias enteras que sostienen sueños deportivos completamente solas. Pierden comunidades donde el deporte podría convertirse en prevención social, salud y reconstrucción del tejido comunitario. Pierde el país.

Porque mientras otras naciones desarrollan estructuras sostenibles, México continúa dependiendo excesivamente del sacrificio individual. Y quizá lo más grave de todo: Se pierde confianza. Cuando las personas dejan de creer en las instituciones deportivas, el daño trasciende competencias y medallas. El daño se vuelve cultural.

¿Y quién gana?

Esa es probablemente la pregunta más incómoda. Ganan quienes operan dentro de la opacidad.

  • Ganan quienes no quieren evaluación.

  • Quienes no desean reglas claras.

  • Quienes sobreviven mejor en sistemas fragmentados que en estructuras ordenadas.

Porque el desorden protege.

  • Protege decisiones discrecionales.

  • Protege la ausencia de resultados.

  • Protege la falta de consecuencias.

Mientras no existan métricas claras, procesos evaluables ni responsabilidades definidas, siempre será posible justificar el fracaso sin modificar realmente el sistema. Y ahí es donde el deporte deja de funcionar como política pública… para convertirse únicamente en administración de crisis permanentes.

El costo real del desorden

El desorden no es neutro. Tiene costos profundos, costos humanos, Institucionales, Sociales y deportivos.

Porque cada atleta que abandona el sistema representa talento perdido.
Cada proceso interrumpido representa años desperdiciados.
Cada estructura improvisada retrasa el desarrollo colectivo del país.

Y mientras el sistema continúe funcionando desde la fragmentación, el deporte seguirá beneficiando a unos cuantos… mientras falla para la mayoría.

Ordenar implica incomodar

Construir un verdadero sistema deportivo exige algo que históricamente ha sido difícil en México: poner límites.

  • Definir responsabilidades.

  • Medir resultados.

  • Evaluar procesos.

  • Aceptar consecuencias.

Y precisamente por eso ordenar el deporte resulta tan incómodo. Porque ordenar significa terminar con zonas de confort construidas durante décadas alrededor de la opacidad y la improvisación.

Lo que viene

En la tercera columna, el análisis dejará de describir únicamente el problema para asumir el reto más importante de todos:

¿Qué tendría que cambiar para que el deporte mexicano deje de sobrevivir… y finalmente se convierta en el sistema que México sí puede y debe construir?

#ElDeporteNoDescansa #DeporteComoPolíticaPública #SistemaDeportivo

Ex atleta de alto rendimiento, campeona mundial de halterofilia y especialista en gestión deportiva.

El desorden no es accidental

Trilogía editorial

Esta columna forma parte de una línea de análisis sobre deporte, estructura, gestión y rendimiento deportivo desarrollada por Cinthya Domínguez.

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