“El deporte no solo forma atletas, Forma personas capaces de transformar su vida y su entorno.”

¿La garra se hereda, se aprende o se entrena?

De atleta a madre: una reflexión sobre la fortaleza que deseo para mis hijos. A lo largo de mi vida en el deporte, una pregunta aparece constantemente en conversaciones con entrenadores, padres de familia y dirigentes deportivos: ¿la garra es entrenable?

COLUMNA DEPORTIVA

Por Cinthya Domínguez

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Por Cinthya Domínguez

Ex atleta de alto rendimiento, campeona mundial de halterofilia y especialista en gestión deportiva.

A lo largo de mi vida en el deporte, una pregunta aparece constantemente en conversaciones con entrenadores, padres de familia y dirigentes deportivos: ¿la garra es entrenable?

La pregunta surge porque todos hemos observado dos realidades muy distintas.

Por un lado, están los deportistas que han crecido enfrentando adversidades. Jóvenes que han tenido que superar limitaciones económicas, falta de infraestructura, largas distancias para entrenar o circunstancias familiares complejas. Son atletas que parecen competir con una intensidad especial, como si cada entrenamiento y cada competencia representaran mucho más que un resultado deportivo.

Por otro lado, encontramos a deportistas que se desarrollan en entornos privilegiados, con acceso a instalaciones de calidad, entrenadores especializados, apoyo familiar y todas las herramientas necesarias para potenciar su talento. A simple vista, pareciera que recorren un camino más favorable.

Y es precisamente aquí donde surge el debate. ¿Puede un deportista que aparentemente tiene todo resuelto desarrollar la misma fortaleza mental que aquel que ha tenido que luchar por cada oportunidad? Mi respuesta es sí.

Pero para responder esta pregunta primero debemos entender qué es realmente la garra.

  • La garra no es pobreza. La garra no es sufrimiento.

  • La garra no es carencia.

  • La garra es la capacidad de mantenerse firme cuando aparece la dificultad.

  • Es la decisión de continuar cuando otros abandonan.

Es la fortaleza de levantarse después de una derrota, de seguir trabajando cuando los resultados tardan en llegar y de mantener el compromiso cuando la motivación desaparece. Muchas veces confundimos la adversidad con el carácter. Pensamos que quien ha sufrido más será necesariamente más fuerte. Sin embargo, la realidad nos demuestra algo diferente.

Existen personas que han enfrentado enormes dificultades y se han rendido. También existen deportistas que crecieron rodeados de oportunidades y desarrollaron una disciplina extraordinaria, una ética de trabajo admirable y una fortaleza mental ejemplar.

La diferencia no está en las circunstancias. La diferencia está en la respuesta que damos a ellas. Esta reflexión tiene para mí un significado profundamente personal.

Yo fui parte de esa primera realidad. Fui una atleta que creció enfrentando adversidades. Como muchos deportistas, tuve que aprender a avanzar cuando las condiciones no eran las ideales, a encontrar soluciones donde parecía haber obstáculos y a descubrir que la perseverancia podía convertirse en una ventaja competitiva.

Muchas de las fortalezas que hoy me acompañan nacieron precisamente de esos desafíos. Quizá por eso, ahora que soy madre de hijos deportistas, me encuentro frente a una reflexión constante.

Mi deseo es que ellos tengan aquello que a mí me faltó. Quiero que cuenten con mejores oportunidades, mejores herramientas, mejores condiciones para desarrollar su talento y perseguir sus sueños.

Sin embargo, también deseo que desarrollen aquello que ninguna instalación deportiva puede garantizar y que ningún recurso económico puede comprar: la garra, la resiliencia y la capacidad de seguir adelante cuando las cosas no salen como esperan.

Como madre, no quiero que mis hijos vivan las mismas carencias que yo viví. Pero tampoco quiero privarlos de las lecciones que me dejaron esas experiencias.

El desafío consiste en encontrar el equilibrio entre brindar apoyo y permitir que construyan su propio carácter; entre protegerlos y dejarlos enfrentar los retos que les ayudarán a crecer. Porque he comprendido que la fortaleza no surge de la ausencia de dificultades, sino de la forma en que aprendemos a enfrentarlas.

Y aquí aparece una segunda pregunta igual de importante: si no queremos que nuestros hijos sufran las mismas carencias, ¿cómo podemos ayudarles a desarrollar esa fortaleza? La respuesta no está en quitarles oportunidades ni en hacerles la vida más difícil de manera artificial. Tampoco en resolverles cada problema.

  • Está en permitirles enfrentar retos.

  • Está en enseñarles que perder también forma parte del aprendizaje.

  • Está en dejar que experimenten las consecuencias de sus decisiones.

  • Está en mostrarles que el esfuerzo tiene valor incluso cuando no produce resultados inmediatos.

Está en ayudarlos a descubrir que la verdadera confianza no nace de la comodidad, sino de la experiencia de superar obstáculos. La resiliencia también puede entrenarse.

  • Cada vez que un deportista acepta una derrota sin buscar excusas.

  • Cada vez que vuelve a entrenar después de un fracaso.

  • Cada vez que trabaja en silencio mientras otros buscan atajos.

  • Cada vez que asume la responsabilidad de su crecimiento.

  • Cada vez que comprende que el éxito es consecuencia de un proceso y no de la suerte.

En todos esos momentos se está construyendo la misma fortaleza que admiramos en aquellos atletas que surgieron de la adversidad. Quizá esa sea una de las mayores contribuciones del deporte a la formación humana. El deporte nos permite desarrollar el carácter sin necesidad de esperar que la vida nos golpee para aprender.

  • Nos enseña disciplina sin imponerla.

  • Nos enseña humildad sin humillarnos.

  • Nos enseña resiliencia sin destruirnos.

  • Nos enseña que caer es inevitable, pero levantarse es una decisión.

Al final, las mejores instalaciones pueden formar atletas técnicamente preparados. Los mejores programas pueden desarrollar grandes talentos. Pero la verdadera diferencia aparece cuando la preparación se encuentra con el carácter. Porque el talento abre puertas. La preparación crea oportunidades.

Pero la garra es la que nos permite permanecer en la lucha cuando las circunstancias dejan de ser favorables. Y quizá esa sea la respuesta a la pregunta inicial. Sí, la garra es entrenable.

No porque podamos fabricar la adversidad, sino porque podemos enseñar a las personas a enfrentarla. No porque podamos controlar las circunstancias, sino porque podemos fortalecer la manera en que respondemos a ellas.

Fui una atleta formada por la adversidad. Hoy soy una madre que trabaja para ofrecer mejores oportunidades a sus hijos. Mi mayor reto no es evitarles todas las dificultades, sino ayudarlos a desarrollar la fortaleza para enfrentarlas.

"Mi deseo como madre no es que mis hijos vivan las dificultades que yo viví; es que desarrollen la fortaleza que aquellas dificultades me enseñaron."

Cinthya Domínguez

Porque el verdadero triunfo no consiste en tener un camino más fácil, sino en formar el carácter necesario para recorrer cualquier camino.

Ese es, quizá, uno de los propósitos más valiosos del deporte: no formar únicamente campeones para la competencia, sino seres humanos capaces de luchar con dignidad, perseverar con valentía y levantarse cada vez que la vida los ponga a prueba.

#LaGarraSeEntrena #DeporteFormativo #ValoresDelDeporte

Esta columna forma parte de una línea de análisis sobre deporte, estructura, gestión y rendimiento deportivo desarrollada por Cinthya Domínguez.

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