“El deporte no solo forma atletas, Forma personas capaces de transformar su vida y su entorno.”
¿Por qué seguimos dependiendo de esfuerzos aislados?
En el deporte mexicano existe una idea que hemos repetido durante demasiado tiempo: cuando los resultados no llegan, algo debe estar fallando en el atleta.
COLUMNA DEPORTIVA
Por Cinthya Domínguez
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Por Cinthya Domínguez
Ex atleta de alto rendimiento, campeona mundial de halterofilia y especialista en gestión deportiva.
En el deporte mexicano existe una idea que hemos repetido durante demasiado tiempo: cuando los resultados no llegan, algo debe estar fallando en el atleta.
Por Cinthya Domínguez
Le pedimos más disciplina.
Más compromiso.
Más sacrificio.
Más horas de entrenamiento.
Después volteamos hacia el entrenador.
Cuestionamos su metodología, su planificación, sus decisiones o su capacidad para desarrollar talento.
Pero pocas veces hacemos una pregunta diferente:
¿Y si el problema no estuviera solamente en quienes entrenan y compiten, sino en la estructura que debería sostenerlos?
Durante años he observado el deporte desde distintos lugares: como atleta de alto rendimiento, desde la competencia internacional y posteriormente desde la gestión deportiva.
Y algo se repite. México tiene talento, tiene entrenadores comprometidos, tiene atletas capaces de realizar enormes sacrificios, tiene familias que sostienen procesos deportivos durante años, tiene dirigentes que intentan sacar adelante programas aun con recursos limitados.
Lo que muchas veces no tiene es una estructura capaz de integrar todos esos esfuerzos y convertirlos en un sistema.
Ahí está una de nuestras mayores debilidades.
El problema de depender de personas
Cuando una institución funciona gracias a una persona extraordinaria, puede obtener buenos resultados.
El problema aparece cuando esa persona se va.
Se va el entrenador y el proceso cambia.
Se va el director y cambian las prioridades.
Llega una nueva administración y comienzan otros programas.
Cambia el responsable y se modifica la metodología.
Entonces volvemos a empezar.
Y cada vez que empezamos de nuevo perdemos algo mucho más valioso que una temporada: perdemos continuidad institucional.
Un sistema deportivo sólido no debería depender exclusivamente de quién ocupa una oficina, quién dirige un equipo o quién tiene la capacidad de resolver los problemas del día.
Las personas son fundamentales.
Pero precisamente por eso necesitan una estructura que permita que su conocimiento, sus decisiones y su trabajo permanezcan dentro de la institución.
Tener actividades no significa tener un sistema
Podemos organizar torneos.
Podemos entregar uniformes.
Podemos inaugurar instalaciones.
Podemos contratar entrenadores.
Podemos aumentar el número de participantes.
Podemos incluso conseguir medallas.
Y aun así no tener un sistema deportivo consolidado.
Porque un sistema no se define únicamente por lo que hace.
Se define por cómo conecta lo que hace.
¿Existe una dirección común?
¿Las decisiones responden a objetivos institucionales?
¿La metodología tiene continuidad?
¿Se mide el desarrollo?
¿Existe información para tomar decisiones?
¿Los procesos permanecen cuando cambian las personas?
¿Sabemos qué estamos intentando construir dentro de cinco o diez años?
Estas preguntas cambian completamente la conversación.
Ya no preguntamos solamente:
¿Cuántas medallas conseguimos?
Empezamos a preguntar:
¿Qué capacidad institucional construimos para poder seguir consiguiéndolas?
Del esfuerzo individual a la capacidad institucional
El talento puede producir un resultado extraordinario. Una buena generación puede producir una época exitosa. Un gran entrenador puede transformar un equipo. Pero si queremos resultados sostenibles necesitamos algo más.
Necesitamos que el atleta, la metodología, la dirección y el sistema dejen de funcionar como mundos separados. Porque el atleta puede entrenar perfectamente y aun así encontrarse dentro de una institución desorganizada. La metodología puede ser excelente y fracasar si cambia constantemente. La dirección puede tener buenas intenciones y no disponer de información para decidir.
Y una institución puede tener recursos sin contar con una arquitectura que los convierta en desarrollo. Por eso quizá una de las preguntas más importantes para el futuro del deporte mexicano no sea:
¿Tenemos talento?
Sabemos que lo tenemos.
La pregunta es:
¿Tenemos sistemas capaces de sostener ese talento?
Durante mucho tiempo hemos admirado los esfuerzos extraordinarios de quienes consiguen resultados a pesar de las condiciones.
Tal vez ha llegado el momento de construir instituciones en las que nuestros deportistas no tengan que triunfar a pesar del sistema, sino también gracias a él.
Porque el rendimiento sostenible no comienza el día de la competencia. Comienza mucho antes. Comienza en la estructura.
El rendimiento no se improvisa. Se diseña.
#GestiónDeportiva
#DeporteMexicano
#RendimientoDeportivo
#LiderazgoDeportivo
Esta columna forma parte de una línea de análisis sobre deporte, estructura, gestión y rendimiento deportivo desarrollada por Cinthya Domínguez.
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